Las tribus Maasai en Monte Meru, Arusha, siguen una vida centrada en el pastoreo nómada, aunque algunas subtribus practican también la agricultura.
Su economía depende principalmente de las vacas, que les proporcionan leche, carne y productos derivados como cuero y cuerdas.
Viven en «manyattas», asentamientos circulares de casas llamadas «bomas», hechas de ramas y barro, y rodeadas de cercas para proteger al ganado.
En cuanto a sus creencias, los Maasai practican una religión monoteísta centrada en Enkai, el Dios supremo, y consideran sagrados tanto las vacas como la tierra.
Su estructura social está organizada en clanes jerárquicos con guerreros, ancianos y jefes de familia. Los guerreros protegen la tribu, mientras que los ancianos toman las decisiones importantes. Los matrimonios son polígamos, y la dote se paga en ganado.
Culturalmente, los Maasai se distinguen por su vestimenta de colores brillantes, como el rojo y el azul, y se adornan con collares de cuentas y filamentos de cobre, que indican su estatus social.
Las danzas y cantos son fundamentales en sus celebraciones. Aunque siguen siendo profundamente tradicionales, los Maasai de Monte Meru también enfrentan los desafíos de la modernidad y el cambio climático, adaptándose a nuevas realidades mientras preservan su identidad cultural.